Las grandes casas gallegas contaban con una pequeña construcción para albergar a los caseros o guardeses que se encargaban del trabajo en la finca y del mantenimiento de la casa. La Casita es esa pequeña vivienda convertida ahora en una cabaña-apartamento totalmente independiente. Sus austeros muros de piedra cobijan un amplio y cálido salón con una pequeña cocina americana y un acogedor dormitorio.